domingo, 29 de abril de 2012

Música tradicional y étnica. Europa (3)

EUROPA

Para el etnomusicólogo, Europa constituye un objeto de estudio privilegiado y a la vez lleno de escollos. Privilegiado, porque las sociedades occidentales, gracias al excepcional panorama que ofrecen de sus distintos niveles culturales, generos de vida y expresiones musicales, permiten la observación de los hechos integrándolos en una perspectiva histórica. Lleno de escollos, porque esta misma diversidad resulta difícil de integrar en una completa visión de conjunto.

Musicos ambulantes en una boda
Transilvania. Rumania
Foto Morath-Magnumir leyenda
Desde muy antiguo se han sucedido en Europa focos culturales que han ido modelando sucesivamente el pensamiento, el arte y la ciencia del mundo moderno occidental. Paralelamente a ello han vivido y subsistido hasta nuestros días unas sociedades primitivas, todavía pueden observarse sus vestigios, a pesar de las numerosas presiones que sobre ellas se han ejercido. Gracias a su vocación agrícola y ganadera el continente europeo han conservado unos estilos arcaicos de vida, en los que tan importante papel desempeña la música. En efecto, hasta fines del siglo XVII, Europa sólo conocía sociedades rurales de agricultores y ganaderos, con excepción de las actividades artesanas y comerciales localizadas en algunas ciudades. Estas sociedades, estables por esencia a causa de sus problemas y relaciones más estrechas con la naturaleza que con los seres, son en cierto modo poco accesibles a las corrientes renovadoras; incluso la aparición del maquinismo en el siglo XIX, preludio de los tiempos modernos, no las ha afectado todavía por completo en su misma esencia. Gracias a esto podemos constatar en Europa la existencia, al lado de unas sociedades eminentemente industriales, de unas organizaciones económicas, sociales o culturales con tradiciones seculares. Es lícito pensar que estos grupos son los depositarios de un ancestral patrimonio musical que, trasmitido oralmente a lo largo de los siglos, nos permitirá remontarnos hasta un pasado musical muy lejano.
El estudio de la música étnica europea ha sido víctima de un error inicial: los precursores de nuestra disciplina, que fundaron en el pasado siglo la Vergleichende Musikwissenschaft de Berlín, la habían eliminado de su plan de estudios por considerarla surgida y en consecuencia tributaria de la música culta occidental.
Fiesta de la liberación
Kruja. Albania
Foto M: Roussel. Musée del home
Superado el error, en la actualidad goza de general aceptación la tesis, válida para todos los continentes, de un desarrollo paralelo, incluso libre de posibles interferencias, de dos tipos de música culta y sabia la primera, tradicional y popular la segunda. Los escritores románticos fueron seguramente los primeros en despertar el interés por la música tradicional. Las investigaciones llevadas a cabo y directamente sobre distintas regiones de Europa, desde hace aproximadamente unos cien años, han tenido como consecuencia llamar la atención sobre la insospechada riqueza de lo que inicialmente se llamó el folclore musical. Desde entonces, con intensidad y métodos diferentes según los países, las investigaciones in situ han sido cada vez más importantes y numerosas: muy desarrolladas en las zonas de Europa central y oriental, las primeras en ser estudiadas; sistemáticas en Francia e Italia, son más esporádicas en el norte, donde la actualidad se tiende hacia una completa planificación, lo mismo que ocurre en España.
Considerando las vastas zonas europeas, en la actualidad todavía sin estudiar, el estado actual de nuestros conocimientos sólo permitirá una visión fragmentaria, sujeta a continua evolución en función de los nuevos descubrimientos posibles.
La música tradicional de Europa puede sorprender a primera vista por su diversidad. Diversidad de formas, de estilos, de lenguas, medios de expresión y funciones; diversidad en su antigüedad también. Efectivamente, desde la prehistoria hasta nuestros días, las sucesivas etapas de un largo y complejo pasado han dejado su impronta en la música, al igual que lo ha hecho en los testimonios de realizaciones materiales. En consecuencia, cabe señalar la existencia de un fondo común a todos los grupos étnicos europeos. La comparación podría extenderse a sociedades primitivas, contemporáneas muestras y se en la actualidad viven en zonas del mundo. Este antiguo fondo musical, incluso prehistórico (evocador de los primeros pastores no dadas o de los primeros agricultores que poblaron nuestro continente), se caracteriza por diversos rasgos. Su lenguaje melódico es bastante tosco y procede por intervalos conjuntos o bien fundado en sistemas elementales (bi, tri, tetra o pentatónicos); su ejecución es monódica, aunque con algunos atisbos de alternancia o polifonía rudimentaria; su material instrumental se limita a los modelos más primitivos: cuernos de madera, corteza o que aprovechan la estructura de algunos caparazones de animales marinos, silbatos, tambores, zumbador, etcétera; su función es eminentemente utilitaria: permitir al hombre la comunicación con sus semejantes, ayudarle en sus trabajos unen sus retos y costumbres.

Las individualidades regionales se abren paso en la música en un estudio relativamente moderno de la evolución de las sociedades rurales. Establecidos ya en una determinada región, agrupados alrededor del campanario de su aldea, condicionados por sus particulares modos de vida, los grupos humanos elaboran su propia tradición musical. Y así un antiguo fondo común dará origen a estilos musicales netamente diferenciados, tanto en su contenido como en sus técnicas y materiales de ejecución.
Músicos con gaitas y tambores.
Isla de Folegandros
en el mar Egeo. Grecia
Foto megaloeconomos
Para intentar dar una visión sistemática de la música tradicional europea actual, es necesario proceder a una división del continente en grandes regiones geográficas, aunque esta tarea no deje de presentar muchas dificultades, pues las influencias mutuas entre regiones vecinas son tan frecuentes que hacen que la tarea de establecer una delimitación precisa sean muy delicada, tanto al hablar de la música como de otras actividades artísticas o culturales.
Deberemos tener presente también que al ser estas mutuas influencias susceptibles de ocasionar cierta división de las unidades políticas, el mismo país podrá ser considerado sucesivamente en varias zonas; tal es el caso de Francia, que pertenece al mundo musical mediterráneo, al continental y al oceánico.

EUROPA MEDITERRANEA

La definición de esta zona es particularmente arbitraria, pues destruye la unidad, evidente desde muchos puntos de vista, de la cuenca mediterránea. En efecto, a menudo hay muchos más rasgos comunes entre países situados en distintas orillas del mediterráneo que entre uno de estos países y sus vecinos y su prolongación continental.
La prioridad y preeminencia del papel desempeñado por el mediterráneo en nuestra historia, nos autoriza a iniciar con el un examen rápido de la música del continente. Desde el tercer milenio antes de Cristo, en sus orillas o en sus islas, se han desarrollado los grandes focos de civilización con los que en la actualidad nuestra cultura mantiene tantos puntos de contacto; estos focos han dejado también su carácter particular en el terreno musical.
Músicos populares
tañedores de lira y de laúd.
Creta. Grecia.
Foto Viollon-Rapho
Los pueblos del mediterráneo nos ofrecen, además, el interés de recurrir y en muchas circunstancias al expresión musical. Son por naturaleza músicos, y, cuando cantan, tocan un instrumento o bailar, músicos consumados. Sus voces son cálidas, poderosas y llenas de color, sus ritmos precisos y sutiles, su capacidad de improvisación realmente admirable. Algunas características de su música, la intensidad de timbres, por ejemplo, parecen ser la consecuencia de la influencia climática o de los tipos de vida consiguientes: la música mediterránea es ante todo una música exterior, ejecutada a plena voz y con la ayuda de instrumentos de gran sonoridad, como el oboe y el clarinete, ayudados muchas veces con un acompañamiento de tambor.

EUROPA CONTINENTAL Y ORIENTAL

Reunir en un mismo apartado unos elementos de cultura musical tan dispares como los contenidos en la zona Europa continental y Oriental constituye una empresa temeraria. Efectivamente, en esta vasta zona cubre existen grupos étnicos muy diferenciados, que han sido conducidos por los avatares de la historia a situaciones actuales muy diversas; algunos han vivido hasta nuestros días en un relativo aislamiento; otros han sido señalados por todas las grandes corrientes culturales que se han sucedido; y finalmente, diversos factores sociales y culturales, económicos, geográficos o religiosos han contribuido a acusar los particularismos.
Tañedor de cítara de percusión
Campesinos hutsuls
Rostocki, Ucrania
Foto R. Benezech
Mientras ciertos eslavos de Europa Oriental, por ejemplo han conservado intactas, incluso sus ancestrales tradiciones musicales, la reforma luterana, a partir del siglo XVI, aniquiló en Alemania, el antiguo fondo musical tradicional, al haber impuesto la práctica del canto coral, una armonía y unos ritmos inspirados en los de la música culta. Sin embargo, el sur de Alemania conserva todavía algunos tipos melódicos arcaicos. A medida que desaparece la influencia del mediterráneo y del oriente, muy importante todavía entre los búlgaros y los eslavos del Sur, los timbres de las voces salvo el caso especial de los montañeses, tienden a aterciopelarse, la sonoridad de los instrumentos es más dulce, los instrumentos de cuerda ocupar el lugar dejado por los de lengüeta, los cantos son generalmente silábicos.
 Pero si bien los melismas melódicos son menos frecuentes, también es verdad que no desaparece el deseo del adorno. Se utilizan sistemas más o menos ligados con la emisión vocal, tales son las notas alargadas que inician, interrumpen o terminan los cantos búlgaros y el temblor comparable al que trino que los pastores de los Cárpatos obtienen golpeando con la palma de la mano sobre su garganta, los cloqueos conseguidos por las mujeres rumanas al cantar, y los gritos de llamada o de reconocimiento de los habitantes de los Alpes.
Son también los pastores de los Alpes los que practican el yodel, técnica que requiere unas particulares disposiciones y una práctica adecuada, ya que exige el paso rápido desde un registro grave a un registro medio o agudo, de la voz de pecho a la de garganta o falsete. El yodel, cuya finalidad primitiva era establecer una comunicación a larga distancia entre los pastores repartidos por la montaña, se infiltró después en la música aldeana; su naturaleza sorprendente, y en cierto modo acrobática, le ha ganado amplia popularidad, y con el apelativo de tirolesa se ha convertido en el símbolo de la música de los Alpes.



EUROPA SEPTENTRIONAL Y OCEÁNICA

Esta zona, si se la compara con las dos grandes regiones anteriormente descritas, posee unos caracteres relativamente más homogéneos. La civilización continental se prolonga con expresiones musicales propias, pero otra corriente, cuya paternidad se atribuye tradicionalmente a los celtas, se abre paso y arraiga, cara al océano, en los finis terrae de nuestro continente: Irlanda, Escocia, Bretaña, Galicia; la música nacida a su socaire posee una indudable originalidad. Aunque el progreso moderno, la industrialización, el urbanismo han tenido una profunda repercusión en esta zona, parte de la población, aunque cada vez más permeable, ciertamente, permanece fiel a las tradiciones y a la tierra, y ha conservado el patrimonio musical de sus antepasados; porque, en definitiva, estas tradiciones no desaparecen mas rápidamente aquí que en otras partes.
La música acompañante de las ceremonias pierde indudablemente su vigor, pero las Navidades y la fiesta de Año Nuevo se celebran todavía en Flandes con cantos acompañados con el rommelpot (una especie de tambor de fricción) y en Bretaña son típicas las pastorales; las fiestas de carnaval, la llegada de la primavera o San Juan dan lugar a importantes manifestaciones coreográficas y musicales el ritual de una boda incluye en el oeste de Francia, por ejemplo, una extensa e importante participación musical. Subsisten también tipos de música ligados a las actividades cotidianas relacionadas más o menos directamente con el trabajo: así, los cantos de los pastores escandinavos, destinados a reunir el rebaño, los que se interpretan en las Hebridas cuando se empeñan los rebaños, los cantos para batir el Tweed en Escocia, e incluso los de los marinos cuando halan, reman o viran el rumbo (por ejemplo, los shanties de Inglaterra o sus correspondientes en otras naciones). Hay que añadir al anterior lista toda la innumerable cantidad de canciones o melodías que surgen espontáneamente con ocasión de la más pequeña reunión familiar o pueblerina.
Puede objetarse que este tipo de música si se compara con la de Europa oriental o mediterránea, es sobria: las voces resultan más aterciopeladas, la interpretación es monótona. Especialmente para aquella que se realiza en algún recinto interior, pues los cantos que tienen lugar al aire libre o las músicas de danza se liberan, evidentemente, de esta característica; aquí, incluso las voces al tienen un especial colorido, se extienden hasta los timbres sobre agudos de los kulning suecos, o intentar imitar ciertas sonoridades instrumentales (en Noruega por ejemplo, hoy en la mouth-music de los escoceses). Este doble aspecto se encuentra asimismo en los instrumentos, y así, a la sonoridad dulce de las cuerdas (cítaras, arpas, violines), se opone el sonido penetrante y brillante de la gaita.


MUSICA EUROPEA TRANSATLÁNTICA

El establecimiento en el continente americano de colonos procedentes de Europa occidental es una prodigiosa aventura, a la vez humana y cultural. Las tradiciones musicales trasplantadas al Nuevo Mundo han conocido distintas suertes. Algunas, las que se han superpuesto a una tradición musical indígena de cierta categoría, han sufrido evidentemente su influencia, como ha ocurrido en América central o del sur. Otras han permanecido casi inalteradas, en especial cuando han subsistido en un medio ambiental cerrado. Este es el caso de la música francesa o inglesa, que constituyen el elemento más antiguo e importante de la tradición musical europea en América del norte.


TRADICIÓN POPULAR Y MÚSICA CULTA

Las mutuas influencias existentes entre música popular y música culta, tanto en el terreno profano como en el religioso, no son recientes. Baste para confirmar que recordemos el Chant d’araudage aux brebis que Adam de la Halle utilizó en el siglo XIII para su  Le Jeu de Robin et Marion, los gritos de los vendedores ambulantes, tan perfectamente invitados por el polifonista Janequin en su obra Les cris de Paris, o por el madrigalista J. Du Pont en su Canzon di cald’arost, los timbres de los Vaux de Vire o los fredons del Pont-Neuf en los siglos XVI yXVII, los temas populares (vigentes todavía en la canción italiana), como por ejemplo Io son abandonata, utilizado en el siglo XVI por Palestrina en su Missa sine domine, o la serenata de la Navidad de los pifferari, pastores postulantes de los Abruzos, que fue reproducida por Händel en El Mesias (1741); y también las innumerables melodías tradicionales obtenidas en los manuscritos de los siglos XVI y XVII, en las canciones editadas por Ballard en el siglo XVIII, e incluso La clef du caveau (siglo XIX).
En lo que respecta a la danza e instrumentos de música, la situación es análoga y su historia es testigo de frecuentes intercambios entre el arte popular y el arte culto.
Bajo la influencia del romanticismo, y como consecuencia de la corriente de ideas que este suscitó, los compositores llevaron a cabo, y a su manera, un regreso hacia las fuentes, y prestaron mayor atención a la música europea que se cultivaba en las regiones campesinas. En este periodo histórico en que era tan fuerte la conciencia de la personalidad nacional, los músicos encontraron en ella un medio de exaltar en su propio lenguaje las particularidades musicales de su patria; esto es lo que hicieron Chopin en sus Polonesas y Liszt en sus Rapsodias Húngaras.
A partir del siglo XIX la música tradicional ha penetrado por diversos caminos en el seno de la música grande. Algunas veces los compositores se han limitado, con mayor o menor fortuna, a vestirla, y ello ha dado origen a las innumerables armonizaciónes para canto y piano, o para coro a capella, que, bajo esta forma tan alejada de la realidad dieron a conocer al público una música que en ningún caso había sido concebida para esta finalidad.
En otros casos, los compositores han tomado una melodía y la han insertado en una partitura orquestal, como hizo por ejemplo V. d’Indy en su Sinfonia sobre un tema pastoril. Y finalmente, en el mejor de los casos, los compositores tradujeron mediante un lenguaje culto a la música tradicional de las distintas regiones de Europa y supieron reconstruir, sin necesidad de acudir a la imitación, sus rasgos particulares y el clima en que se desarrollaban. Esto es lo que han conseguido, por ejemplo, Falla en España, Musorgski o Rimski Korsakov en Rusia, Bartok en Hungría o Milhaud en Provenza.

Texto de Maguy Andral

1 comentario:

  1. Hace unos años me dio por transcribir en mi blog de Musica y Cultura, todos estos conocimientos que alberga dicho blog. Ensayaba un programa que al dictado iba escribiendo y por ello me resultó bastante cómodo hacer este arduo trabajo.
    La fuente es sencilla:
    De la colección que publicó Editorial Planeta, S.A. en 1988, "La musica", en el tomo 1º, en la que colaboró Maguy Andral, que por entonces era encargada de Investigaciones en el C.N.R.S. y en el departamento de Etnomusicología del Museo de Artes y Tradiciones Populares de Paris.

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