sábado, 30 de enero de 2016

Ajedrez. Paralelismo con la vida.Pieza 3

El ajedrez es un juego de pensamiento. Requiere un plan lógico, concentración, previsión, observación, deducción, imaginación, intuición y por supuesto conocer los movimientos de las piezas.

Soy la pieza que mayores dificultades presento para comprender como me muevo porque a diferencia de las otras no tengo un movimiento rectilíneo.
Salto formando una "L" de dos casillas por un lado y una casilla por el otro.
Imaginativamente represento las virtudes de la caballerosidad. Soy un caballero. En otras lenguas así me llaman (knight, cavalier, cavaliere, springer, etc.) Poéticamente sería un jinete viajando en busca de aventuras con pericia combatiente. Soy poderoso en el centro y a él  me debo dirigir inmediatamente, porque siendo el centro poseo la fuerza y me vuelvo sutil en el ataque. En las orillas me siento más débil.


Hay a quienes les gusta ser el centro de atención y no dudan en atacar, nunca se ponen en riesgo porque tienen respuesta para a todo, escapan hacia atrás si es necesario para volver a arremeter, se creen seguros, se acomodan en su razón y en el fondo lo que reflejan es la necesidad de ser aceptado.
Si mi virtud es la caballerosidad, la nobleza y la gallardía, la gente a quienes hago referencia son los aprovechados, los deshonestos, los chaqueteros, que
cambian según les cuadre. Camaleones de lengua rápida, reptiles.
 ¿Sabiais que los camaleones mueven independientemente un ojo de otro?, igual los que te miran de frente con un ojo y con el otro miran detrás, de mal malpensados que son, que no se fian de nadie.

Y quien mal hace mal piensa.

Soy el caballo.

La única pieza que puede pasar por encima de cualquier otra.

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La verdadera belleza del ajedrez consiste en la lucha entre diferentes personalidades, el ajedrez no es un juego violento, la vida si. De pocas partidas he aprendido tanto como en mi última contienda. Doy las gracias.

Fidias, uno de los más prolíficos escultores de la Antigua Grecia, trabajó en el Partenón (siglo V a de C), y fue autor de esculturas y de detallados dibujos de cabezas de caballos, fuertes y vigorosos que sirvieron de modelo para que en el siglo XIX, Howard Staunton y sus colaboradores, diseñaran los trebejos o las piezas de ajedrez, que desde entonces pasaron a ser las piezas oficiales que se han venido usando en todos los torneos, el llamado modelo Staunton.

Ajedrez. Paralelismo con la vida

martes, 12 de enero de 2016

Ajedrez. Paralelismo con la vida. Pieza 2

Mi nombre proviene del árabe, significa "el elefante".
Hay que decir que el mundo musulmán aportó, después del latín, una grandísima riqueza de vocabulario al castellano. En la época medieval y para la corte cristiana, la idea del elefante para denominarme les parecía muy extranjera y foránea y la reemplazaron por la de obispo que en aquellos tiempos intervenían frente al ejército frecuentando guerras por eso mi silueta puede recordar a su mirra obispal.
En el tablero del ajedrez las ocho hileras verticales de casillas se denominan columnas. Las ocho hileras horizontales de casillas se denominan filas.
Una sucesión de casillas del mismo color en línea recta, tocándose por sus vértices o esquinas, se denomina diagonal.
Yo domino pues las diagonales y nunca puedo cambiar de color de casilla.
Trabajando en equipo con mi otro compañero podemos juntos ganar la partida.

Me llamo Alfil

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La vida es como el ajedrez, con lucha, competición, eventos buenos y malos
(Benjamin Franklin)

Hay malas personas, también las hay menos malas, solitarias que buscan hacer daño,  y si se juntan, ya ni te cuento, pero…a este juego de la vida hoy no me voy a referir.
En el ajedrez también puedo ser bueno (activo) y puedo desplazarme libremente por casillas no ocupadas por peones propios. Cobro importancia en los finales de la partida. Y puedo ser malo si me vuelvo una pieza inactiva, cuando carezco de un radio de acción ideal que limita mi actividad.

“Nadie ha ganado
una partida de ajedrez rindiéndose”


Ajedrez. Paralelismo con la vida

jueves, 7 de enero de 2016

Ajedrez. Paralelismo con la vida. Pieza 1

Soy la pieza mas numerosa del tablero. Solo me puedo mover hacia delante.
Al comienzo de la partida tengo la opción de avanzar una o dos casillas desde mi posición inicial, después de eso, solo me puedo desplazar una casilla a la vez.
Me muevo en dirección vertical y capturo en diagonal. No puedo pasar por encima de ninguna pieza. Dicen que soy de las piezas más débiles del tablero pero no, soy potencialmente fuerte ante cualquier otra pieza de graduación superior, basta con que llegue a la octava hilera en donde me "promociono."
Es mi coronación, entonces puedo convertirme en una pieza muy poderosa, como por ejemplo otra Dama.

Soy modesto. Mi pequeñez me hace actuar con gentileza y con perfección, no como aquellos que se anuncian constantemente y remarcan lo que hacen, lo que son o lo que tienen.
¿Acaso no se dan cuenta que esas actitudes son los verdaderos signos de debilidad personal e interior?


"Dime de qué presumes y te diré de qué careces"

El refranero está plagado de sabiduría, es casi la génesis de la investigación psicológica, (que me perdonen los puristas), me refiero al concepto de búsqueda del por qué se actúa de una manera u de otra, quedando bien recogido en la cultura del conocimiento popular.
El presuntuoso, el fatuo, el creído, el fanfarrón, refleja las carencias de su propio ego. Otra cosa es sentirse seguro de si mismo sin llegar a la arrogancia, fuerte sin ser intransigente, tranquilo sin caer en la pasividad.

Me satisface la grandeza de hacer las cosas con fuerza hacia adelante, como hago en el juego del ajedrez, sin pasar por encima de nadie, con sencillez.
A veces me aíslan sin nadie que me respalde, me vuelvo débil y soy blanco fácil de ataque, pero qué me importa, también el orgulloso es débil y se queda solo.


El Peón es el alma del ajedrez

 experto ajedrecista del siglo XVIII


Escucha a Mecano en El Peón rey de negras


Ajedrez. Paralelismo con la vida